Cultura de Paz y Mediación de José Benito Pérez Sauceda

Cultura de Paz y Mediación de José Benito Pérez Sauceda
Pídelo al 01 81 2115 0135

1497. Construyendo Paz Latinoamericana # 2

1496. La no violencia: un estilo de política para la paz

1. Al comienzo de este nuevo año formulo mis más sinceros deseos de paz para los pueblos y para las naciones del mundo, para los Jefes de Estado y de Gobierno, así como para los responsables de las comunidades religiosas y de los diversos sectores de la sociedad civil. Deseo la paz a cada hombre, mujer, niño y niña, a la vez que rezo para que la imagen y semejanza de Dios en cada persona nos permita reconocernos unos a otros como dones sagrados dotados de una inmensa dignidad. Especialmente en las situaciones de conflicto, respetemos su «dignidad más profunda»[1] y hagamos de la no violencia activa nuestro estilo de vida.
Este es el Mensaje para la 50 Jornada Mundial de la Paz. En el primero, el beato Papa Pablo VI se dirigió, no sólo a los católicos sino a todos los pueblos, con palabras inequívocas: «Ha aparecido finalmente con mucha claridad que la paz es la línea única y verdadera del progreso humano (no las tensiones de nacionalismos ambiciosos, ni las conquistas violentas, ni las represiones portadoras de un falso orden civil)». Advirtió del «peligro de creer que las controversias internacionales no se pueden resolver por los caminos de la razón, es decir de las negociaciones fundadas en el derecho, la justicia, la equidad, sino sólo por los de las fuerzas espantosas y mortíferas». Por el contrario, citando Pacem in terris de su predecesor san Juan XXIII, exaltaba «el sentido y el amor de la paz fundada sobre la verdad, sobre la justicia, sobre la libertad, sobre el amor»[2]. Impresiona la actualidad de estas palabras, que hoy son igualmente importantes y urgentes como hace cincuenta años.
En esta ocasión deseo reflexionar sobre la no violencia como un estilo de política para la paz, y pido a Dios que se conformen a la no violencia nuestros sentimientos y valores personales más profundos. Que la caridad y la no violencia guíen el modo de tratarnos en las relaciones interpersonales, sociales e internacionales. Cuando las víctimas de la violencia vencen la tentación de la venganza, se convierten en los protagonistas más creíbles en los procesos no violentos de construcción de la paz. Que la no violencia se trasforme, desde el nivel local y cotidiano hasta el orden mundial, en el estilo característico de nuestras decisiones, de nuestras relaciones, de nuestras acciones y de la política en todas sus formas.
Un mundo fragmentado
2. El siglo pasado fue devastado por dos horribles guerras mundiales, conoció la amenaza de la guerra nuclear y un gran número de nuevos conflictos, pero hoy lamentablemente estamos ante una terrible guerra mundial por partes. No es fácil saber si el mundo actualmente es más o menos violento de lo que fue en el pasado, ni si los modernos medios de comunicación y la movilidad que caracteriza nuestra época nos hace más conscientes de la violencia o más habituados a ella.
En cualquier caso, esta violencia que se comete «por partes», en modos y niveles diversos, provoca un enorme sufrimiento que conocemos bien: guerras en diferentes países y continentes; terrorismo, criminalidad y ataques armados impredecibles; abusos contra los emigrantes y las víctimas de la trata; devastación del medio ambiente. ¿Con qué fin? La violencia, ¿permite alcanzar objetivos de valor duradero? Todo lo que obtiene, ¿no se reduce a desencadenar represalias y espirales de conflicto letales que benefician sólo a algunos «señores de la guerra»?
La violencia no es la solución para nuestro mundo fragmentado. Responder con violencia a la violencia lleva, en el mejor de los casos, a la emigración forzada y a un enorme sufrimiento, ya que las grandes cantidades de recursos que se destinan a fines militares son sustraídas de las necesidades cotidianas de los jóvenes, de las familias en dificultad, de los ancianos, de los enfermos, de la gran mayoría de los habitantes del mundo. En el peor de los casos, lleva a la muerte física y espiritual de muchos, si no es de todos.
La Buena Noticia
3. También Jesús vivió en tiempos de violencia. Él enseñó que el verdadero campo de batalla, en el que se enfrentan la violencia y la paz, es el corazón humano: «Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los pensamientos perversos» (Mc 7,21). Pero el mensaje de Cristo, ante esta realidad, ofrece una respuesta radicalmente positiva: él predicó incansablemente el amor incondicional de Dios que acoge y perdona, y enseñó a sus discípulos a amar a los enemigos (cf. Mt 5,44) y a poner la otra mejilla (cf. Mt 5,39). Cuando impidió que la adúltera fuera lapidada por sus acusadores (cf. Jn 8,1-11) y cuando, la noche antes de morir, dijo a Pedro que envainara la espada (cf. Mt 26,52), Jesús trazó el camino de la no violencia, que siguió hasta el final, hasta la cruz, mediante la cual construyó la paz y destruyó la enemistad (cf. Ef 2,14-16). Por esto, quien acoge la Buena Noticia de Jesús reconoce su propia violencia y se deja curar por la misericordia de Dios, convirtiéndose a su vez en instrumento de reconciliación, según la exhortación de san Francisco de Asís: «Que la paz que anunciáis de palabra la tengáis, y en mayor medida, en vuestros corazones»[3].
Ser hoy verdaderos discípulos de Jesús significa también aceptar su propuesta de la no violencia. Esta —como ha afirmado mi predecesor Benedicto XVI— «es realista, porque tiene en cuenta que en el mundo hay demasiada violencia, demasiada injusticia y, por tanto, sólo se puede superar esta situación contraponiendo un plus de amor, un plus de bondad. Este “plus” viene de Dios»[4]. Y añadía con fuerza: «para los cristianos la no violencia no es un mero comportamiento táctico, sino más bien un modo de ser de la persona, la actitud de quien está tan convencido del amor de Dios y de su poder, que no tiene miedo de afrontar el mal únicamente con las armas del amor y de la verdad. El amor a los enemigos constituye el núcleo de la “revolución cristiana”»[5]. Precisamente, el evangelio del amad a vuestros enemigos (cf. Lc 6,27) es considerado como «la charta magna de la no violencia cristiana», que no se debe entender como un «rendirse ante el mal […], sino en responder al mal con el bien (cf. Rm 12,17-21), rompiendo de este modo la cadena de la injusticia»[6].
Más fuerte que la violencia
4. Muchas veces la no violencia se entiende como rendición, desinterés y pasividad, pero en realidad no es así. Cuando la Madre Teresa recibió el premio Nobel de la Paz, en 1979, declaró claramente su mensaje de la no violencia activa: «En nuestras familias no tenemos necesidad de bombas y armas, de destruir para traer la paz, sino de vivir unidos, amándonos unos a otros […]. Y entonces seremos capaces de superar todo el mal que hay en el mundo»[7]. Porque la fuerza de las armas es engañosa. «Mientras los traficantes de armas hacen su trabajo, hay pobres constructores de paz que dan la vida sólo por ayudar a una persona, a otra, a otra»; para estos constructores de la paz, Madre Teresa es «un símbolo, un icono de nuestros tiempos»[8]. En el pasado mes de septiembre tuve la gran alegría de proclamarla santa. He elogiado su disponibilidad hacia todos por medio de «la acogida y la defensa de la vida humana, tanto de la no nacida como de la abandonada y descartada […]. Se ha inclinado sobre las personas desfallecidas, que mueren abandonadas al borde de las calles, reconociendo la dignidad que Dios les había dado; ha hecho sentir su voz a los poderosos de la tierra, para que reconocieran sus culpas ante los crímenes —¡ante los crímenes!— de la pobreza creada por ellos mismos»[9]. Como respuesta —y en esto representa a miles, más aún, a millones de personas—, su misión es salir al encuentro de las víctimas con generosidad y dedicación, tocando y vendando los cuerpos heridos, curando las vidas rotas.
La no violencia practicada con decisión y coherencia ha producido resultados impresionantes. No se olvidarán nunca los éxitos obtenidos por Mahatma Gandhi y Khan Abdul Ghaffar Khan en la liberación de la India, y de Martin Luther King Jr. contra la discriminación racial. En especial, las mujeres son frecuentemente líderes de la no violencia, como, por ejemplo, Leymah Gbowee y miles de mujeres liberianas, que han organizado encuentros de oración y protesta no violenta (pray-ins), obteniendo negociaciones de alto nivel para la conclusión de la segunda guerra civil en Liberia. 
No podemos olvidar el decenio crucial que se concluyó con la caída de los regímenes comunistas en Europa. Las comunidades cristianas han contribuido con su oración insistente y su acción valiente. Ha tenido una influencia especial el ministerio y el magisterio de san Juan Pablo II. En la encíclica Centesimus annus (1991), mi predecesor, reflexionando sobre los sucesos de 1989, puso en evidencia que un cambio crucial en la vida de los pueblos, de las naciones y de los estados se realiza «a través de una lucha pacífica, que emplea solamente las armas de la verdad y de la justicia»[10]. Este itinerario de transición política hacia la paz ha sido posible, en parte, «por el compromiso no violento de hombres que, resistiéndose siempre a ceder al poder de la fuerza, han sabido encontrar, una y otra vez, formas eficaces para dar testimonio de la verdad». Y concluía: «Ojalá los hombres aprendan a luchar por la justicia sin violencia, renunciando a la lucha de clases en las controversias internas, así como a la guerra en las internacionales»[11].
La Iglesia se ha comprometido en el desarrollo de estrategias no violentas para la promoción de la paz en muchos países, implicando incluso a los actores más violentos en un mayor esfuerzo para construir una paz justa y duradera.
Este compromiso en favor de las víctimas de la injusticia y de la violencia no es un patrimonio exclusivo de la Iglesia Católica, sino que es propio de muchas tradiciones religiosas, para las que «la compasión y la no violencia son esenciales e indican el camino de la vida»[12]. Lo reafirmo con fuerza: «Ninguna religión es terrorista»[13]. La violencia es una profanación del nombre de Dios[14]. No nos cansemos nunca de repetirlo: «Nunca se puede usar el nombre de Dios para justificar la violencia. Sólo la paz es santa. Sólo la paz es santa, no la guerra»[15].
La raíz doméstica de una política no violenta
5. Si el origen del que brota la violencia está en el corazón de los hombres, entonces es fundamental recorrer el sendero de la no violencia en primer lugar en el seno de la familia. Es parte de aquella alegría que presenté, en marzo pasado, en la Exhortación apostólica Amoris laetitia, como conclusión de los dos años de reflexión de la Iglesia sobre el matrimonio y la familia. La familia es el espacio indispensable en el que los cónyuges, padres e hijos, hermanos y hermanas aprenden a comunicarse y a cuidarse unos a otros de modo desinteresado, y donde los desacuerdos o incluso los conflictos deben ser superados no con la fuerza, sino con el diálogo, el respeto, la búsqueda del bien del otro, la misericordia y el perdón[16]. Desde el seno de la familia, la alegría se propaga al mundo y se irradia a toda la sociedad[17]. Por otra parte, una ética de fraternidad y de coexistencia pacífica entre las personas y entre los pueblos no puede basarse sobre la lógica del miedo, de la violencia y de la cerrazón, sino sobre la responsabilidad, el respeto y el diálogo sincero. En este sentido, hago un llamamiento a favor del desarme, como también de la prohibición y abolición de las armas nucleares: la disuasión nuclear y la amenaza cierta de la destrucción recíproca, no pueden servir de base a este tipo de ética[18]. Con la misma urgencia suplico que se detenga la violencia doméstica y los abusos a mujeres y niños.
El Jubileo de la Misericordia, concluido el pasado mes de noviembre, nos ha invitado a mirar dentro de nuestro corazón y a dejar que entre en él la misericordia de Dios. El año jubilar nos ha hecho tomar conciencia del gran número y variedad de personas y de grupos sociales que son tratados con indiferencia, que son víctimas de injusticia y sufren violencia. Ellos forman parte de nuestra «familia», son nuestros hermanos y hermanas. Por esto, las políticas de no violencia deben comenzar dentro de los muros de casa para después extenderse a toda la familia humana. «El ejemplo de santa Teresa de Lisieux nos invita a la práctica del pequeño camino del amor, a no perder la oportunidad de una palabra amable, de una sonrisa, de cualquier pequeño gesto que siembre paz y amistad. Una ecología integral también está hecha de simples gestos cotidianos donde rompemos la lógica de la violencia, del aprovechamiento, del egoísmo»[19].
Mi llamamiento
6. La construcción de la paz mediante la no violencia activa es un elemento necesario y coherente del continuo esfuerzo de la Iglesia para limitar el uso de la fuerza por medio de las normas morales, a través de su participación en las instituciones internacionales y gracias también a la aportación competente de tantos cristianos en la elaboración de normativas a todos los niveles. Jesús mismo nos ofrece un «manual» de esta estrategia de construcción de la paz en el así llamado Discurso de la montaña. Las ocho bienaventuranzas (cf. Mt 5,3-10) trazan el perfil de la persona que podemos definir bienaventurada, buena y auténtica. Bienaventurados los mansos —dice Jesús—, los misericordiosos, los que trabajan por la paz, y los puros de corazón, los que tienen hambre y sed de la justicia.
Esto es también un programa y un desafío para los líderes políticos y religiosos, para los responsables de las instituciones internacionales y los dirigentes de las empresas y de los medios de comunicación de todo el mundo: aplicar las bienaventuranzas en el desempeño de sus propias responsabilidades. Es el desafío de construir la sociedad, la comunidad o la empresa, de la que son responsables, con el estilo de los trabajadores por la paz; de dar muestras de misericordia, rechazando descartar a las personas, dañar el ambiente y querer vencer a cualquier precio. Esto exige estar dispuestos a «aceptar sufrir el conflicto, resolverlo y transformarlo en el eslabón de un nuevo proceso»[20]. Trabajar de este modo significa elegir la solidaridad como estilo para realizar la historia y construir la amistad social. La no violencia activa es una manera de mostrar verdaderamente cómo, de verdad, la unidad es más importante y fecunda que el conflicto. Todo en el mundo está íntimamente interconectado[21]. Puede suceder que las diferencias generen choques: afrontémoslos de forma constructiva y no violenta, de manera que «las tensiones y los opuestos [puedan] alcanzar una unidad pluriforme que engendra nueva vida», conservando «las virtualidades valiosas de las polaridades en pugna»[22].
La Iglesia Católica acompañará todo tentativo de construcción de la paz también con la no violencia activa y creativa. El 1 de enero de 2017 comenzará su andadura el nuevo Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, que ayudará a la Iglesia a promover, con creciente eficacia, «los inconmensurables bienes de la justicia, la paz y la protección de la creación» y de la solicitud hacia los emigrantes, «los necesitados, los enfermos y los excluidos, los marginados y las víctimas de los conflictos armados y de las catástrofes naturales, los encarcelados, los desempleados y las víctimas de cualquier forma de esclavitud y de tortura»[23]. 
En conclusión
7. Como es tradición, firmo este Mensaje el 8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María. María es Reina de la Paz. En el Nacimiento de su Hijo, los ángeles glorificaban a Dios deseando paz en la tierra a los hombres y mujeres de buena voluntad (cf. Lc 2,14). Pidamos a la Virgen que sea ella quien nos guíe.
«Todos deseamos la paz; muchas personas la construyen cada día con pequeños gestos; muchos sufren y soportan pacientemente la fatiga de intentar edificarla»[24]. En el 2017, comprometámonos con nuestra oración y acción a ser personas que aparten de su corazón, de sus palabras y de sus gestos la violencia, y a construir comunidades no violentas, que cuiden de la casa común. «Nada es imposible si nos dirigimos a Dios con nuestra oración. Todos podemos ser artesanos de la paz»[25].
Vaticano, 8 de diciembre de 2016
Francisco
Citas
[1] Exhort. ap. Evangelii gaudium, 228.
[2] Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 1968.
[3] «Leyenda de los tres compañeros»: Fonti Francescane, n. 1469.
[4] Angelus (18 febrero 2007).
[5] Ibíd.
[6] Ibíd.
[7] Discurso al recibir el Premio Nobel de la Paz (11 diciembre 1979).
[8] Homilía en Santa Marta, «El camino de la paz» (19 noviembre 2015).
[9] Homilía en la canonización de la beata Madre Teresa de Calcuta (4 septiembre 2016).
[10] N. 23.
[11] Ibíd.
[12] Discurso, Audiencia interreligiosa (3 noviembre 2016).
[13] Discurso a los participantes al tercer Encuentro Mundial de los Movimientos Populares (5 noviembre 2016).
[14] Cf. Discurso en el Encuentro interreligioso con el Jeque de los musulmanes del Cáucaso y con representantes de las demás comunidades religiosas del país, Bakú (2 octubre 2016).
[15] Discurso, Asís (20 septiembre 2016).
[16] Cf. Exhort. ap. postsin. Amoris laetitia, 90-130.
[17] Ibíd., 133.194.234.
[18] Cf. Mensaje con ocasión de la Conferencia sobre el impacto humanitario de las armas atómicas (7 diciembre 2014).
[19] Carta Enc. Laudato si’, 230.
[20] Exhort. ap. Evangelii gaudium, 227.
[21] Cf. Carta Enc. Laudato si’, 16.117.138.
[22] Exhort. ap. Evangelii gaudium, 228.
[23] Carta apostólica en forma de «Motu Proprio» con la que se instituye el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral (17 agosto 2016).
[24] Regina Coeli, Belén (25 mayo 2014).
[25] Llamamiento, Asís (20 septiembre 2016).
Mensaje de Francisco para la celebración de la 50 Jornada Munial de la Paz.
Vactican.va. 01/01/17

1495. António Guterres, nuevo secretario general de las Naciones Unidas

Foto: ONU
António Guterres ha sido investido hoy como próximo Secretario General de las Naciones Unidas en una sencilla ceremonia en la que, tal y como marca el protocolo, juró su cargo y ofreció un breve discurso en el que marcó las que serán las grandes líneas de su labor a partir del 1 de enero.
Para António Guterres las tres prioridades estratégicas que deben guiar el cambio de las comunidad internacional y de las Naciones Unidas son:
la labor en pro de la paz;
el apoyo al desarrollo sostenible;
y la gestión interna de la Organización.
Respecto a la paz indicó que la «deficiencia más grave» de toda la comunidad internacional es la «incapacidad de prevenir las crisis», por lo que dijo que esta tarea ha de guiar el futuro de las Naciones Unidas.
La prevención nos exige ir a las causas profundas y abordarlas en los tres pilares de las Naciones Unidas: la paz y la seguridad, el desarrollo sostenible y los derechos humanos. Debe ser la prioridad en todo lo que hagamos.
La prevención nos exige prestar un mejor apoyo a los países para que puedan fortalecer sus instituciones y reforzar la resiliencia de sus sociedades.
También supone recuperar los derechos humanos como valor que debe primar en sí mismo, no para perseguir un fin político. Todas las personas, incluidas las minorías de todo tipo, deben gozar de toda la variedad de derechos humanos —civiles, políticos, económicos, sociales y culturales— sin discriminación.
Dentro de toda esa labor, se encuentran las mujeres y los jóvenes. Con las primeras, Antonio Guterres se comprometió a conseguir la paridad dentro del sistema de las Naciones Unidas.
Por su interés, reproducimos aquí el discurso integro que Antonio Guterrez ha pronunciado hoy ante la Asamblea General:
"Señor Presidente,
Señor Secretario General,
Excelencias,
Señoras y señores:
Muchas gracias por las amables palabras que me han dirigido. Me siento profundamente honrado por la confianza que los Estados Miembros han depositado en mí, y tengo la determinación de guiarme por los propósitos y principios de la Carta.
En primer lugar, desearía rendir homenaje al Secretario General Ban Ki-moon.
Señor Secretario General:
Su recto liderazgo ha ayudado a trazar el futuro de las Naciones Unidas: mediante la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible; mediante su compromiso con la paz y la seguridad, y mediante su iniciativa de hacer de los derechos humanos el núcleo de nuestra labor.
Dirigido por usted, el mundo se comprometió a aplicar el histórico Acuerdo de París sobre el cambio climático, y lo ratificó en tiempo récord. Tengo la firme convicción de que ese impulso no se podrá detener.
Señor Presidente:
Hace 21 años, cuando presté juramento para asumir el cargo de Primer Ministro de Portugal, una ola de optimismo recorría el mundo. La Guerra Fría había terminado; algunos observaron que ese acontecimiento marcaba el fin de la historia. Creían que viviríamos en un mundo pacífico y estable, con crecimiento económico y prosperidad para todos.
Sin embargo, el fin de la Guerra Fría no fue el fin de la historia. Por el contrario, la historia simplemente se congeló en algunos lugares. Descongelado el viejo orden, la historia recuperó el calor, y con creces.
Así volvieron a salir a la superficie contradicciones y tensiones ocultas. Proliferaron nuevas guerras, y se reavivaron guerras antiguas. Paulatinamente, la falta de claridad en las relaciones de poder fomentó la imprevisibilidad y la impunidad.
Los conflictos se han vuelto más complejos e interrelacionados que nunca. Producen horribles violaciones del derecho internacional humanitario y abusos de los derechos humanos. El número de personas que se han visto obligadas a huir de sus hogares ha aumentado a una escala que no se había registrado en decenios. Y ha surgido una nueva amenaza: el terrorismo mundial.
Las megatendencias del cambio climático, el crecimiento demográfico, la rápida urbanización, la inseguridad alimentaria y la escasez de agua, entre otras, han hecho aumentar la competencia por los recursos y han agravado la tensión y la inestabilidad.
Señor Presidente:
Al mismo tiempo, en los últimos 20 años se han registrado extraordinarios progresos tecnológicos. La economía mundial ha crecido; los indicadores sociales básicos han mejorado. La proporción de personas que viven en la pobreza absoluta ha disminuido enormemente.
Sin embargo, la globalización y los avances tecnológicos también han contribuido a causar desigualdades cada vez mayores. Muchas personas han sido dejadas atrás, incluso en países desarrollados donde millones de antiguos empleos han desaparecido, mientras que los nuevos empleos están fuera del alcance de muchos. El desempleo juvenil se ha disparado. Y la globalización también ha ampliado el alcance de la delincuencia organizada y de la trata.
Todos estos hechos han profundizado la brecha entre las personas y las clases políticas. En algunos países, hemos observado que hay cada vez más inestabilidad, malestar social, incluso violencia y conflicto.
Actualmente, los votantes tienden a rechazar el statu quo, así como cualquier propuesta que el Gobierno someta a un referendo. Muchos han perdido la confianza no solo en sus Gobiernos, sino también en las instituciones mundiales, incluidas las Naciones Unidas.
Señor Presidente:
El miedo hoy impulsa las decisiones de muchas personas en todo el mundo.
Debemos comprender sus ansiedades y satisfacer sus necesidades, sin perder de vista nuestros valores universales.
Ha llegado la hora de reconstruir las relaciones entre las personas y los dirigentes, tanto nacionales como internacionales. Es hora de que los dirigentes escuchen, y demuestren que su propio pueblo, y la estabilidad mundial de la que todos dependemos, les importan.
Y es hora de que las Naciones Unidas hagan lo mismo: reconocer sus deficiencias y reformar su funcionamiento. Esta Organización es la piedra angular del multilateralismo, y ha contribuido a forjar decenios de relativa paz. Sin embargo, los desafíos están superando nuestra capacidad de respuesta. Las Naciones Unidas deben estar preparadas para cambiar.
Nuestra deficiencia más grave, y me refiero aquí a toda la comunidad internacional, es nuestra incapacidad de prevenir las crisis.
Las Naciones Unidas nacieron de la guerra. Hoy debemos cuidar la paz.
Señor Presidente:
La prevención nos exige ir a las causas profundas y abordarlas en los tres pilares de las Naciones Unidas: la paz y la seguridad, el desarrollo sostenible y los derechos humanos. Debe ser la prioridad en todo lo que hagamos.
La prevención nos exige prestar un mejor apoyo a los países para que puedan fortalecer sus instituciones y reforzar la resiliencia de sus sociedades.
También supone recuperar los derechos humanos como valor que debe primar en sí mismo, no para perseguir un fin político. Todas las personas, incluidas las minorías de todo tipo, deben gozar de toda la variedad de derechos humanos —civiles, políticos, económicos, sociales y culturales— sin discriminación.
La protección y el empoderamiento de las mujeres y las niñas son primordiales. La igualdad entre los géneros es fundamental para el desarrollo, y cada vez hay más pruebas de su papel decisivo en la consolidación y el mantenimiento de la paz.
La prevención no es un concepto novedoso: es lo que los fundadores de las Naciones Unidas nos pidieron que hiciéramos. Es la mejor manera de salvar vidas y reducir el sufrimiento humano.
Cuando la prevención falla, tenemos que hacer más para resolver los conflictos.
Desde las agudas crisis de Siria, el Yemen, Sudán del Sur y otras partes del mundo, hasta las controversias de larga data, como el conflicto israelo-palestino, necesitamos mediación, arbitraje y una diplomacia creativa.
En el marco de mis buenos oficios, estoy dispuesto a participar personalmente en la solución de conflictos cuando ello aporte un valor añadido, reconociendo que los Estados Miembros tienen el papel principal.
Señor Presidente:
La magnitud de los desafíos que enfrentamos exige que trabajemos juntos en un  proceso de reforma profunda y continua de las Naciones Unidas. Quisiera destacar tres prioridades estratégicas para el cambio: nuestra labor en pro de la paz; nuestro apoyo al desarrollo sostenible; y nuestra gestión interna.
Las mujeres y los hombres que trabajan en las operaciones de paz de las Naciones Unidas están haciendo una heroica contribución, poniendo sus vidas en riesgo. Pero muchas veces tienen la tarea de mantener la paz donde no hay paz que mantener. Una mayor claridad conceptual y un entendimiento común del alcance del mantenimiento de la paz deben facilitar la introducción de urgentes reformas.
Debemos crear un proceso continuo de paz, desde la prevención y la solución de conflictos, hasta el mantenimiento de la paz, la consolidación de la paz y el desarrollo. Nuestros fundamentos serán las conclusiones de los tres informes más recientes, y las resoluciones paralelas de la Asamblea General y del Consejo de Seguridad.  Ha llegado el momento de que todos, inspirados por el nuevo concepto de sostenimiento de la paz, nos embarquemos en una reforma integral de la estrategia de las Naciones Unidas, su configuración operacional y sus estructuras para la paz y la seguridad.
Esta reforma debe incluir también un examen de la labor que realizamos contra el terrorismo, y un mecanismo de coordinación más adecuado entre las 38 entidades de las Naciones Unidas dedicadas a esa labor.
Señor Presidente:
El sistema de las Naciones Unidas no ha hecho aún lo suficiente para prevenir la violencia y explotación sexuales y reaccionar ante los atroces crímenes de esa índole cometidos bajo la bandera de las Naciones Unidas contra aquellos que se espera que protejamos.
Trabajaré en estrecha colaboración con los Estados Miembros para establecer medidas estructurales, jurídicas y operacionales con el fin de hacer realidad la política de tolerancia cero. Debemos asegurar la transparencia y la rendición de cuentas, y ofrecer protección y vías de recurso efectivas a las víctimas.
Señor Presidente:
El segundo elemento fundamental del programa de reforma se refiere al apoyo de las Naciones Unidas a los Estados Miembros en la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, una expresión de solidaridad mundial, con su promesa de no dejar a nadie atrás.
Para lograrlo, volveremos a colocar el desarrollo en el centro de nuestra labor, e iniciaremos una reforma integral del sistema de las Naciones Unidas para el desarrollo, en las sedes y en los países. En todo esto tendrá que haber liderazgo, coordinación, resultados y rendición de cuentas. Nos basaremos en las conclusiones de las deliberaciones que están celebrando los Estados Miembros.
También debemos integrar mejor los ámbitos humanitario y de desarrollo desde el comienzo mismo de una crisis, con el fin de apoyar a las comunidades afectadas, hacer frente a las consecuencias económicas y estructurales, y ayudar a evitar una nueva espiral de fragilidad e inestabilidad. La respuesta humanitaria, el desarrollo sostenible y el sostenimiento de la paz son tres lados del mismo triángulo.
Este enfoque está relacionado con la “Nueva Forma de Trabajar” acordada en la Cumbre Humanitaria Mundial. Para lograrla, necesitamos más rendición de cuentas  en cada uno de los organismos que desempeñan su mandato, en su contribución a la labor del sistema de las Naciones Unidas, y en el sistema en su conjunto. Una cultura sólida de rendición de cuentas también exige mecanismos de evaluación eficaces e independientes.
Señor Presidente:
La tercera esfera fundamental es la reforma de la gestión. Nos basaremos en la labor ya en marcha y llevaremos a término las iniciativas recientes. Sin embargo, viendo la reglamentación presupuestaria y de personal de las Naciones Unidas, cabría pensar que algunas de las disposiciones fueron concebidas para impedir, en lugar de facilitar, el cumplimiento eficaz de nuestros mandatos.
Debemos alcanzar el consenso en torno a la simplificación, la descentralización y la flexibilidad. No beneficia a nadie que se tarde nueve meses en enviar a un funcionario a un destino sobre el terreno.
Las Naciones Unidas tienen que ser ágiles, eficientes y eficaces. Deben centrarse más en los resultados y menos en el proceso; más en las personas y menos en la burocracia.
Toda cultura de rendición de cuentas exige una gestión sólida de la actuación profesional y la protección efectiva de quienes denuncien irregularidades.
Y no basta con hacerlo mejor. Debemos ser capaces de comunicar más eficazmente lo que hacemos, en formas que todo el mundo comprenda. Hace falta reformar sustancialmente nuestra estrategia de comunicaciones, mejorando nuestros instrumentos y plataformas para llegar a las personas de todo el mundo.
Por último, la reforma de la gestión debe asegurar que alcancemos la paridad entre los géneros cuanto antes. El objetivo inicial era que para el año 2000 se hubiera alcanzado la igualdad en la representación de mujeres y hombres en el personal de las Naciones Unidas. Dieciséis años después, estamos lejos de ese objetivo.
Me comprometo a respetar la paridad entre los géneros desde el principio en todos mis nombramientos para constituir el Grupo Superior de Gestión y la Junta de los Jefes Ejecutivos. Al final de mi mandato, deberíamos haber alcanzado la plena paridad entre los géneros en las categorías de Secretario General Adjunto y Subsecretario General, incluidos los Representantes Especiales y los Enviados Especiales.
Necesitamos una hoja de ruta clara con puntos de referencia a fin de alcanzar la paridad en todo el sistema, mucho antes de 2030.
Por último, toda inversión en unas Naciones Unidas más fuertes debe tener en cuenta a su personal. Estoy deseoso de volver a trabajar junto a más de 85.000 hombres y mujeres para ejecutar nuestro mandato en 180 países de todo el mundo. Muchos de esos hombres y mujeres ejercen sus funciones en circunstancias difíciles y a veces peligrosas. Su profesionalidad, pericia y dedicación hacen de ellos el recurso más importante  de las Naciones Unidas, un recurso que hay que cuidar, desarrollar y utilizar eficazmente, y cuya voz debe ser escuchada.
Señor Presidente:
Vivimos en un mundo complejo. Las Naciones Unidas no podrán cumplir su misión por sí solas. Las alianzas deben constituir el núcleo de nuestra estrategia. Deberíamos tener la humildad de reconocer el papel fundamental de otros agentes, manteniendo al mismo tiempo la plena conciencia de nuestro singular poder de convocatoria.
Nuestra labor humanitaria y de desarrollo sería insignificante sin la cooperación activa de los Estados Miembros y la contribución de la sociedad civil, las instituciones financieras internacionales, los inversores privados y los mercados financieros. Varias actividades de mediación y operaciones de paz no serían posibles sin la participación de las organizaciones regionales, particularmente la Unión Africana.
Recientemente hemos puesto en marcha diferentes iniciativas importantes junto con nuestros socios. Nos corresponde ahora llevarlas a buen término antes de iniciar otras nuevas.
En nuestra estrategia, sin embargo, hay un vacío: la labor con los jóvenes. Durante demasiado tiempo, los jóvenes se han visto excluidos de la toma de decisiones que afectan a su futuro.
Debemos aprovechar la labor realizada con el apoyo de los Estados Miembros, el Enviado para la Juventud y la sociedad civil. Pero esta no puede ser una iniciativa donde los ancianos sean quienes hablen de las nuevas generaciones. Las Naciones Unidas deben empoderar a los jóvenes y aumentar su participación en la sociedad y su acceso a la educación, la formación y el empleo.
Señor Presidente:
Hoy se da la paradoja de que, a pesar de haber mayor conectividad, está aumentando la fragmentación de las sociedades. Cada vez son más las personas que viven en su propia burbuja, que son incapaces de percibir sus vínculos con toda la familia humana.
Al final, todo se reduce a valores. Queremos que el mundo que hereden nuestros hijos venga definido por los valores consagrados en la Carta de las Naciones Unidas: la paz, la justicia, el respeto, los derechos humanos, la tolerancia y la solidaridad. Todas las grandes religiones los abrazan, y nos esforzamos por reflejarlos en nuestra vida cotidiana.
Con suma frecuencia, las amenazas a esos valores se basan en el miedo. Nuestro deber para con los pueblos a los que servimos es trabajar juntos a fin de sustituir el temor a los demás por la confianza en los demás. Confianza en los valores que nos unen y en las instituciones que nos sirven y protegen.
Con mi contribución a las Naciones Unidas me propongo inspirar esa confianza, y pondré todo de mi parte al servicio  de nuestra humanidad común.
Gracias".
António Guterres, nuevo Secretario General de las Naciones Unidas.
Nueva York, 12 de diciembre de 2016
Un.org. 12/12/16

1494. Ban Ki-moon se despide en sede de Naciones Unidas

Foto:ONU
El Secretario General de la ONU se despidió del personal de Naciones Unidas en un acto simbólico en el vestíbulo del edificio de la sede del Organismo en Nueva York
Ban Ki-moon expresó su profundo agradecimiento a los funcionarios al concluir sus 10 años de servicio en Naciones Unidas. Su mandato termina oficialmente este 31 de diciembre.
“No tengo mucho que decir. Solamente dos palabras: gracias, gracias. Gracias por el compromiso, por el liderazgo por la humanidad. Han trabajado hasta el último día y esa ha sido mi inspiración”, dijo Ban.
Por otra parte, en una carta dirigida a esos trabajadores extendió sus profundos agradecimientos a los familiares y amigos del personal que contribuyeron mientras estos estaban de viaje, trabajaban hasta tarde y ponían toda su energía para cumplir con su misión.
Se mostró especialmente conmovido por el sacrificio de aquellos que perdieron la vida al servicio de la paz.
Su agenda para su último día en funciones incluye la participación como invitado especial de la celebración de año nuevo el sábado en Times Square en Nueva York.
Ban Ki-moon presionará el botón de cristal de Waterford en el escenario principal para la cuenta regresiva de 60 segundos al 2017, ocasión en la que hará un llamado a los ciudadanos del mundo para apoyar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
Un.org. 30/12/16

Paz Monterrey

Paz Monterrey

Peace Day TV

Cultura de Paz y No Violencia Monterrey

Cultura de Paz y No Violencia Monterrey

Cultura de Paz y No Violencia Monterrey. Juntos, Podemos hacer la Paz, Podemos Ser la Paz. Creador/Coordinador: José Benito Pérez Sauceda; *Pintura de la cabecera: Pérez Ruiz.
Cultura de Paz y No Violencia Monterrey desde 2010.

Cultura de Paz y Mediación de José Benito Pérez Sauceda

Cultura de Paz y Mediación de José Benito Pérez Sauceda
Pídelo al 01 81 2115 0135

Cultura de Paz Monterrey

Cultura de Paz Monterrey